4 dic. 2009

Un debate necesario

Por Javier Remírez

Durante estos los últimos meses me he detenido a leer y estudiar todo aquello que llegaba a mis manos relativo al análisis y propuestas de solución de la crisis económica más gravosa e insolidaria: de todo ello, de autores de todas las tendencias y posicionamientos. Por cierto, ortodoxos de todos los planteamientos, éste es un ejercicio altamente recomendable para todo el mundo, especialmente, para la gente más joven: no os detengáis en vuestros medios o blogs de referencia ni os cerreís en dosgmas inflexibles, ampliar vuestra visión y leer opiniones que, a priori, consideréis alejadas de vuestra óptica, y seguro que encontráis aportaciones interesantes.

Lo dicho, en todos he encontrado, en mi opinión, buenos análisis y buenas respuetas, con las que ouedo coincidir o discepar. Participo, a grandes rasgos, de la estrategia seguida por las Instituciones de España y Navarra para a salida de la crisis: papel activo de las administraciones públicas en la inversión en infraestructurasy economía productiva para reactivar el consumo y la actividad, uso del instrumento de la deuda pública con criterios de racionalidad y sostenimiento de las políticas de cohesión social diridos, especialmente, a los colectivos más desfavorecidos por ésta situación. No tengo tan claro, sin embargo, el acierto de algunas inciativas como la subida de impuestos o la inacción en una reflxión que conlleve una reforma del mercado laboral. en esto último, por mi activisad profesional, ha ido encaminado mi preocupación, sobre todo por las experiencias directas que me transmiten muchos trabajadores.

España es una pais al que le cuesta horrores crear empleo y, cuando és te se pierde, grandes sectores de la sociedad se ven largas temporadas en el desempleo con lo que ello supone, primero, para la propia realziación y autoestima del desempleado, para su aportación al sostenimiento del entorno familiar o vital que le rodee, y, de forma secundaria aunqye también relevante, por los costes a largo plazo de las prestaciones sociales necesarias y legítimas. Por todo ello, o caminamos a un modelo donde una vez coseguido un empleo su périda sea improbable o, existiendo situaciones de perdida, la recuperación de empleo sea rápida y eficaz. El primer modelo se antoja imposible en el mundo actual, y en el segundo modelo hay experiencias interesantes que, salvando las distancias y las realidades, es preciso al menos estudiar.

Dentros de las opciones, en mi opinión, mas interesantes y atrayentes esta la denominada "flexiseguridad", concepto, según un artículo de Mario Naranjo, experto en RRHH y jefe de personal del Hospital de Gijón, que nació en la década de los ochenta en Dinamarca y exportado a los países escandinavos a través de la socialdemocracia, alude a una nueva fórmula de concebir las relaciones entre trabajadores y empresarios basada en una mayor flexibilidad en los contratos y más empleabilidad: ello, conlleva necesariamente incrementar el nivel de formación y de incentivos por parte del Estado para permitir cambiar de empleo sin sobresaltos.

Naranjo seeñala que no es flexibilidad para la empresa y seguridad para el trabajador, como se suele explicar ya que ambos necesitan flexibilidad y seguridad. El empresario necesita flexibilidad para ser más competitivo y variar su plantilla en función de su producción, y la seguridad de un marco político y legal estable. Pero es que igualmente, el trabajador no sólo pide seguridad sino también flexibilidad porque tiene hijos y otras cosas que hacer además de trabajar. Flexiseguridad por el contrario, no es alargar la jornada laboral hasta 65 horas de la discutible directiva aprobada por el Consejo Europeo de Ministros de Trabajo el pasado junio. No es encadenar contratos temporales o a plazo fijo. No es importar el modelo norteamericano de capitalismo de contratar y quemar, que está resistiendo muy mal la actual crisis. Por el contrario, flexiseguridad es afianzar un modelo europeo de economía social de mercado, en el que la cohesión social tiene que ir de la mano de la competitividad.


La flexiseguridad es una estrategia fundamental para la adaptación del mercado de trabajo y las empresas privadas a las condiciones cambiantes que impone la globalización. Esto significa organizaciones menos jerárquicas y promoción de fórmulas de contratación y acuerdos laborales personalizados en vez de diseños anticuados de talla única: flexibilidad en la estructuración del tiempo y el calendario de trabajo, tareas por objetivos (cultura de eficiencia frente a la de presencia); fomento de la carrera profesional y la formación a lo largo de la vida, conciliación de la vida personal y laboral e incentivos al teletrabajo; así como políticas activas de empleo en favor de inmigrantes, personas con discapacidad, jóvenes, mujeres y trabajadores de más edad (que al vivir más tiempo pueden trabajar más años, no menos).

En fin, un debate abierto y neceario, con ideas a nuevas e innovadopres que superan esquemas rígidos, en mi opinión, inválidos pare el tiempo actual y futuro.
Javier Remírez, es abogado y Director de Recursos Humanos

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